lunes, 14 de octubre de 2013

Cineclub - David Gilmour

Siempre es mucho más fácil el comenzar a hacer algo si ese algo aúna dos pasiones. En mi caso, me encanta el cine y me encanta la literatura, así que el hecho de ponerme con “Cineclub” no me costó nada. Una vez leído, ¿ofrece el libro todo lo que parece prometer?


Argumento muy peliculero

Jesse es un adolescente que mantiene sus flirteos con el alcohol y las drogas y al cual el instituto no le marcha nada bien. Su padre, al darse cuenta de la situación y viendo que el final puede ser catastrófico, le propone un trato.

Él puede dejar el instituto, dormir hasta cuando quiera, no trabajar y no pagar alquiler, sin embargo deberá mantenerse alejado de drogas y alcohol y sentarse con su padre a ver tres películas a la semana.

La verdad que el argumento del libro llama y mucho, ya que todos los que hayamos visto mucho cine podemos afirmar que éste puede ser un fenomenal vehículo para la educación. Una educación mucho más atractiva que la que se propone en las escuelas, donde la mayoría de conocimientos son procedurales y mecánicos dejando de lado otros tan importantes como los valores o ética de la persona que estudia.

Cabe decir que David Gilmour, el autor del libro, narra en primera persona esta historia, ya que el libro no es más que el fruto de la relación entre él y su hijo durante la adolescencia de este último. Además, Gilmour es un bastante afamado crítico de cine canadiense, por lo que los conocimientos sobre cine los tiene, por lo que una educación de este tipo llevada a cabo por un especialista me parece cuanto menos lógica.

Muchos muchachos como Jesse se apartan ellos mismos del instituto y comienzan a trabajar estando sin estar formados para afrontarse a la vida, teniendo que aprender a base de palos. Y que un padre dedique su tiempo en la educación de su hijo me parece un modo óptimo de que al menos este advertido de las cosas que se va a encontrar ahí fuera.

Y en cuanto al vehículo de su educación… no veo porque una asignatura como cine, o educación audiovisual no puede tener la importancia que tiene otra como es literatura: dos artes muy extendidos en la población que determinadas obras no aportan nada y otras tantas pueden acabar educando al alumnado.

Esplendida selección cinematográfica

Claro está, si se intenta educar mediante cine, la selección debe ser estudiada a conciencia, ya que no puedes pretender enseñar cosas positivas a un adolescente con una ingente cantidad de blockbusters uno detrás de otro, ni una sucesión de obras maestras de difícil visionado. La selección debe ser lo suficientemente variada como para no aburrir, que enseñe, pero sin recargar, intentando educar de una manera divertida (cosa que muchos profesores actuales no logran entender).

En esto, el autor esta fenomenal: el elenco de películas elegidos es fantástico, ya que recorreremos junto a David y Jesse grandes obras maestras clásicas como “Los Cuatrocientos Golpes”, “Ciudadano Kane”, otras más modernas como “El Padrino”, otras que ni siquiera son clásicos como “Instinto Básico”, e incluso bodrios del tamaño de “Showgirls”. Todo esto con una escritura muy directa, dinámica y poco rimbombante, que el lector agradece en todo momento.

Cabe destacar como al final del libro aparece tanto título como director de todas las películas que se nombran a lo largo del libro, siendo una lista interminable y que podéis encontrar en la reseña realizada por el blog El Escalpelo Literario y Cinéfilo, blog que he descubierto gracias a “Cineclub” y que me parece muy interesante. No dejéis de visitarlo.

Pero volviendo, al asunto, ¿de qué forma se utiliza el cine como vehículo para la educación? El autor, al ser crítico, no puede evitar soltarle algunos discursitos técnicos a su hijo para henchir su pecho delante de él, pero mayoritariamente las películas son usadas para debatir. Debatir actitudes, debatir comportamientos, debatir frases… Las dos partes se tratan como iguales, profesor y alumno, cosa muy necesaria hoy día, y muy difícil de hacer ya que cada día hay más alumnos por profesor, que acaban siendo desconocidos al final del curso.

Relación padre-hijo: principal protagonista

Como ya hemos comentado, el propio escritor David Gilmour es el protagonista: un crítico de cine divorciado y con un hijo con el que el cual pasa menos tiempo del que le gustaría por su trabajo. Así que el tener unos ahorrillos para poder dejarlo de lado y dedicarle más tiempo al primero, hace que se plantee ofrecerle el peculiar trato a su hijo.

Por otro lado, Jesse es un patrón de adolescente muy repetido en la sociedad: buen chico, pero que flirtea con alcohol y drogas y al que el instituto le provoca un desinterés total. Un buen campo de cultivo, ya que el muchacho se muestra dispuesto a aprender, pero no por los métodos que pretenden en el instituto.

Y de esto se da cuenta desde el primer momento su padre, que mediante cine va intentando impregnar a su hijo no de conocimientos científicos que probablemente no le servirán de mucho en un futuro, sino de conocimientos sobre la vida, que al final el mismo ve cómo van dando su fruto por la evolución que va sufriendo a lo largo de las páginas.

Todo esto acaba desembocando en una relación especial, en la cual el entendimiento mutuo y la comprensión ante los errores que los dos cometen es la principal base. Conforme vamos avanzando en el libro, el cine va pasando a un segundo plano, y esta relación, sencilla pero muy bonita, cobra gran protagonismo, con el único gran pero que el final del libro viene dado por el final del visionado de películas, sin una reflexión especialmente clara.

No solo lo ofrece, sino que aporta más

Esa sería la respuesta que daría a todo aquel que recuerde la pregunta con la cual arrancaba esta valoración. El libro nos da a los cinéfilos aquello que venimos buscando, y sin darnos cuenta, nos encontraremos apasionados por otra cosa completamente distinta de lo que parecía ofrecernos el libro, sin chirriarnos en ningún momento.

Mediante una escritura sencilla y directa, David Gilmour nos cuenta la historia con su hijo de una manera visceral, dejando al descubierto sus sentimientos, y que a buen seguro que su lectura nos tocará alguna tecla a los lectores, y todo el piano a su hijo, que debe estar orgulloso de lo que su padre hizo por él.

Lo mejor
  • Demuestra que el cine puede educar.
  • Sencillo de leer, muy dinamico, se devora.
  • La relacion padre-hijo que se crea.
Lo peor
  • El final no acaba de llegar.

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